1,5 kilómetros. Algo más que una distancia

Madre mía, cuanto tiempo sin sentarme en mi rinconcito. En todo este tiempo he ido acumulando sentimientos que necesito ir sacando.

A finales de octubre dio sus primeros pasitos agarrada a su silla, lo hizo en casa y fueron pocos pasitos pero para mí fue un mundo. Después llegaron meses duros y no pudimos intentarlo pero aún así trabajamos muy duro en la escalera. Trabajar en la escalera ha sido muy potente a nivel físico y mental pero poco a poco esas piernas empezaron a moverse un poco más así que había que seguir peleando.
Llegó junio y con él volvieron a aparecer esos pasos tan maravillosos, esos pasos que tanto nos ha costado conseguir.
Poder verlos nos ha costado más de siete años y sólo nosotras sabemos lo duro que ha sido llegar hasta aquí, sólo nosotras sabemos lo que ha dolido, lo que hemos reído, lo que hemos sudado, lo que nos hemos peleado... Ha sido un esfuerzo físico y mental brutal. Llegados a este momento para qué ser fina, ha sido duro de cojones.

Maialen partió de cero y cuando digo de cero me refiero a que cuando empezamos a trabajar tenía catorce meses y lo justo se sujetaba sentada, solía estar tumbada y cuando conseguía mantenerse sentada su espalda estaba completamente encorvada porque no tenía tono muscular. De sus piernas ni hablamos...
Maialen no sabía que sus piernas eran suyas, no las tenía integradas en su esquema corporal al igual que sus brazos. Era muy duro verlo pero aún así nos liamos la manta a la cabeza y decidimos apostarlo todo a ella.

Jamás he pensado que no era capaz de ir consiguiendo cosas, todo lo contrario, sabía que entre mis manos estaba todo su petróleo, guardado, sí, pero estaba ahí. Sabía que por delante estaba el mayor reto de mi vida y por eso un día hicimos un trato. Le prometí que un día va a caminar, costase lo que costase lo íbamos a conseguir y a cambio algún día ella me diría por qué es tan bonita. Mi parte la voy a cumplir, su parte la lleva cumpliendo toda su vida.

Nadie nos ha regalado nada, absolutamente nada. Yo trabajé en atención al cliente en una empresa de transporte, estaba muy lejos de todo este mundo pero una vez dentro he ido aprendiendo sobre la marcha, yo también empecé de cero, al principio no sabía ni por dónde me daba el aire y estoy orgullosa de lo que hemos sido capaces de conseguir.

Cuando visitamos por primera vez Neocortex nos dijeron que tiene afectadas las seis áreas del cerebro en los dos hemisferios. No teníamos nada bien, estaba afectada la visión, la audición, el tacto, el uso de manos, la movilidad y el lenguaje. Pleno al quince. Lesión cerebral severa. Tenía catorce meses, aún faltaba su diagnóstico pero ya estábamos manos a la obra. Nueve meses más tarde llegó la estocada final. "Esto es un rett". Sin anestesia. Jamás olvidaré ese día. Jamás. En una consulta posterior nos dijeron que nunca va a caminar.

Mi mundo se rompió, me rompí en un millón de pedazos. Nunca puedes imaginar todo el dolor que se puede llegar a sentir hasta que lo sientes. Pero por mi niña me agarré a lo que pude y seguí adelante y hoy me siento feliz.

Estoy feliz porque después de un invierno tan malo en junio volvieron sus pasos y lo han hecho para quedarse. Poco a poco va dando más. Le hacemos andar prácticamente todos los días. En julio hacía noventa metros y era maravilloso. Esas piernas han empezado a desarrollar los músculos que no estaban así que poco a poco empiezan a tener un poco más de fuerza y podemos caminar un poco más y así, poco a poco, hemos ido sumando metros y mi reina nos ha dado una lección de superación enorme.
La primera vez que consiguió recorrer un kilómetro lloré. Lloré como una niña. Cómo no voy a llorar...

Ayer salimos a caminar y desde el principio vimos que iba a caminar mucho y así fue. ¡Recorrió un kilómetro y medio! Fue increíble.
Lo que siento en esos momentos es difícil de explicar pero siento algo tan bonito...

Es algo más que una distancia... Es superación, es lucha, no rendirse, es caer y levantarte con ganas de comerte el mundo, de importarte una mierda lo que piensen y digan los demás y seguir en la pelea porque por quien lucho cada día es por mi hija y su calidad de vida está muy por encima de todo y de todos.

Hace unos días Maialen caminó con mi hermano y mi cuñada, uno de cada mano. Lo grabé porque fue algo increíble. Lloré. En ese momento me abrazó una de esas personas que siempre me escucha y empecé a llorar y no podía parar porque para mi verlo fue muy fuerte.
Es muy fuerte ver a mi niña caminar,con apoyo, pero camina.
Es muy fuerte ver que tu gran reto se puede tocar con los dedos de las manos, que aquello que estaba a años luz, que aquello por lo que la gente se reía y criticaba está un milímetro más cerca de conseguirse... Ver que algún día lo va a conseguir...

Falta mucho para que camine sola, más de lo que pueda parecer. Hay que seguir trabajando esas seis áreas cerebrales para que algún día encajen las piezas y Maialen consiga caminar. Las casas nunca pueden empezar a construirse por el tejado.

Lo más difícil ya está hecho ahora sólo queda seguir trabajando con humildad, con constancia, perseverancia y mucho cariño.

Trabajaré todo lo que haga falta. Si algo he aprendido a lo largo de toda mi vida es que hay que tener los pies en la tierra y afrontar las cosas con la mayor entereza posible y seguir adelante.

El día que me casé le di mi ramo a mi madre mientras sonaba una canción de Naiara que dice "adelante por los sueños que aún nos quedan, adelante por aquellos que están por venir, adelante porque no importa la meta, el destino es la promesa de seguir adelante". Quién me iba a decir ese día que esa canción la iba a compartir con ella...

El destino es la promesa de seguir adelante y por Maialen lucharé hasta el infinito y más allá.

Caminarás, cariño, caminarás.